Monday, July 24, 2006

Liompa (Yuri Oliosha)

El pequeño Alexandr cepillaba unas tablillas en la cocina. la cocina daba al patio; era primavera, las puertas no cerraban, junto al umbral crecía hierba, brillaba el agua derramada sobre la piedra. En el cajón de la basura solía hurgar una rata. En la cocinafreían patatas, finamente partidas. Alguien encendía un infiernillo. la vida del infiernillo empezaba pomposamente, con una antorcha que llegaba hasta el techo. Expiraba luego una tenue llama. En el agua hirviente saltaban unos huevos. Un inquilino cocía cangrejos. Agarraba al cangrejo con dos dedos por el centro. Eran cangrejos de un verdoso color de cañería. El grifo despedía de pronto dos o tres gotitas: se sonaba calladamente. Luego se oían arriba voces diversas de tuberías. Entonces caía inmediatamente la tarde. Tan sólo el vaso continuaba en el alfeízar de la ventana, recibiendo a través de los últimos rayos del sol. El grifo parloteaba. En torno al hornillo comenzaba el más diverso ajetreo y toda clase de crepitaciones.
Era crepúsculo espléndido. las vecinas comían pepitas de girasol, alguien cantaba, la amarilla lu de la habitación caía sobre la acera, se iluminaba la tienda de comestibles.
En la habitación contigua a la cocina yacía Ponomariov, muy enfermo. Estaba solo en el cuarto, ardía una vela, sobre la cabecera se encontraba un frasco de medicamento con su receta.
Cuando iban a verle, Ponomario decía a los conocidos:
- Podeis darme la enhorabuena: me estoy muriendo.
Al anochecer empezó a delirar. El frasco le miraba. la receta se extendía como una cola. El frasco era una duquesa que contraía matrimonio. El frasco se llamaba "ilustre onomástico".
El enfermo deliraba. Quería escribir un tratado, conversaba con la manta.
-Pero, ¿cómo no te da vergüenza?...-murmuraba.
La manta estaba sentada a su lado, se tendía a su lado, se iba, le traía noticias.
Eran pocas las cosas que rodeaban al enfermo: el medicamento, una cucharada, la luz, el papel de las paredes. Las demás cosas se habían ido. Al darse cuenta de que estaba gravemente enfermo y se moría, comprendió también cuán amplio y variado era el mundo de las cosas y qué pocas quedaban en su poder. De día en día mermaba la cantidad de cosas. Algo tan corriente como un billete de ferrocarrl se hizo para él irremediablemente lejano. Al principio, la cantidad de cosas disminuía en la periferia, lejos de él, pero luego la reducción se fue acercando con creciente rapidez hacia el centro, hacia el corazón: llegaba al patio, a la casa, al pasillo, a la habitación.
Al principio, la desaparición de las cosas no angustiaba al enfermo.
Desaparecieron los países, América, la posibilidad de ser guapo o rico, la familia (era soltero)...
La enfermedad no tenía nada que ver con la pérdida de esas cosas: se escapaban a medida que se hacía viejo; el verdadero dolor le embargó cuando vio con claridad que también empezaban a alejarse de él las cosas que giraban constantemente a su alrededor. Un buen día, por ejemplo, lo abandonaron en la calle, su oficina, la estafeta de correos, los caballos. A renglón seguido empezaron a escaparse vertiginosamente las cosas que tenía a su lado: el pasillo había huido ya de su poder y, en la propia habitación, ante sus ojos, desapareció el significado del abrigo, del pestillo de la puerta, de los zapatos. Sabía que la muerte venía a él destruyendo las cosas. De toda su inmensa y ociosa cantidad, la muerte sólo le había dejado unas cuantas, y eran las cosas que, de haber estado en su poder, no habría admitido él nunca a su lado. Recibió un disgusto. Recibió terribles visitas y miradas de los conocidos. Comprendió que carecía de fuerza para evitar la irrupción de esas cosas que siempre le habían parecido indeseables e innecesarias. Pero ahora eran únicas e ineludibles. Había perdido el derecho a elegir las cosas.
El pequeño Alexandr hacía un modelo de aparato volador.
El chico era mucho más complicado y más serio de lo que creían los demás. Se cortaba los dedos, sangraba, llenaba el suelo de virutas, lo manchaba todo de cola, reclamaba seda, lloraba, recibía cachetes. Los adultos consideraban que tenía toda la razón. Y, sin embargo, el chico se comportaba como un mayor; es más, se comportaba como sólo pueden hacerlo algunos adultos: en plena concordancia con la ciencia. El modelo se atenía a un diseño, a unos cálculos: el chico conocía las leyes. Hubiera podido contestar a los ataques de los adultos explicando las leyes, mostrando experimentos; pero se callaba porque no se creía con derecho a parecer más serio que los adultos.
En torno al chico yacían tiras de goma, alambre, tablillas, seda, un vaporoso tejido, se propagaba el olor de la cola. El cielo resplandecía. Los insectos se paseaban por la piedra. En ésta había una valva petrificada.
Al chico que trabajaba se acercaba otro, muy pequeñito, casi desnudo, con unos pantaloncitos azules. Tocaba las cosas y le estorbaba. Alexandr le echaba de su lado. El niño desnudo, que parecía de goma, andaba por la casa y por el pasillo, donde había una bicicleta. (La bicibleta estaba apoyada con un pedal en la pared. El pedal había arañado el papel que tapizaba la pared, y en ese arañazo parecía sostenerse la bicicleta.)
El niño pequeño entraba en el cuerto de Ponomariov. Su cabeza esomaba sobre el bordo dela cama. El enfermo tenía las sienes pálidas como las de un ciego. El niño se acercaba cuanto podía a la cabeza y observaba. Pensaba que el mundo siempre había sido y era así, con un hombre barbudo acostado en la cama de aquel cuarto. El niño apenas empezaba a tener conciencia de las cosas, y no sabía aún distinguir la diferenciaen el tiempo de su existencia.
Dio media vuelta y empezó a andar por el cuarto. Veía las tarimas, el polvo bajo el plinto, las grietas del revoco. A su alrededor se formaban y distribuían líneas, palpitaban cuerpos. De pronto surgía un foco de luz, el niño corría hacia él, pero, en cuanto daba un paso, el cambio de distancia destruía el foco y el niño se ponía a mirar a su alrededor, arriba y abajo, tras el horno, buscando, y abría desconcertado los brazos al no dar con el foco. A cada instante nacía una nueva cosa. Era admirable la araña. Pero la araña escapó en cuanto al niño se le ocurrió tocarla con la mano.
Las cosas que se iban sólo dejaban al agonizante sus nombres.
En el mundo había una manzana. Resplandecía entre el follaje, giraba levemente, captaba y arrastraba en su movimiento trozos del día, el intenso azul del huerto, los travesaños de la ventana. La ley de gravedad la esperaba bajo el árbol, en la negra tierra, en las glebas, por entre las que corrían hormigas de abalorio. En el huerto se hallaba Newton. La manzana encerraba multitud de causas que podían suscitar aún mayor cantidad de efectos. Pero ninguna de esas causas estaba destinada a Ponomariov. La manzana se había convertido para él en una abstracción. Y era desesperante que escapara la masa de las cosas, quedándole solo la abstracción.
-Yo pensaba que no existía el mundo exterior - razonaba -, que era mi ojo y mi oído los que gobernaban las cosas, que el mundo dejaría de existir en cuanto dejase de existir yo. Más . . . veo que todo se me escapa estando aún vivo. ¡Porque yo aún existo! Entonces, ¿por qué han desparecido las cosas? Yo creía que mi cerebro les había dado forma, peso y color, pero resulta que han huido de mí y sólo rebullen en mi cerebros sus nombres inútiles, que han perdido su dueño. ¿Qué falta me hacen a mí esos nombres?
Ponomariov miraba con angustia al niño, que iba de un sitio para otro. Las cosas avanzaban a su encuentro. Él les sonreía sin conocer ni un solo nombre. Y cuando se marchaba, le seguía una pomposa cola de objetos.
- Oye - llamó el enfermo al niño -, oye . . .Cuando yo me muera, no quedará nada: ni el patio, ni los árboles, ni el papá ni la mamá. Yo me lo llevaré todo.
En la cocina entró una rata.
Ponomariov aguzó el oído: la rata iba de una parte a otra, trasteaba los platos, abria el grifo, removía el cubo.
"¡Es una fregona!" - pensó Ponomariov.
En ese momento se le ocurrió la inquietante idea de que quizá tuviera la rata un nombre propio, desconocido por las personas. Empezó a imaginar ese nombre. Deliraba. A medida que lo iba concibiendo, con más intensidad le embargaba el miedo. Aun comprendiendo que debía detenerse a toda costa y no pensar más en el nombre e la rata, continuaba, a sabiendas de que fallecería en el momento en que descubriese ese nombre único, sin sentido y terrible.
-¡Lliompa! - gritó de súbito con espantosa voz.
La casa dormía. Era muy temprano; acababan de dar las cinco de la madrugada. El niño Alexandr no dormía. La puerta de la cocina que daba al patio estaba abierta. El sol aún lucía muy bajo.
El agonizante andaba por la cocina, muy encorvado y estirando los brazos con las manos colgando. Quería llevarse las cosas.
El niño Alexandr corría por el patio. El aparato volaba delante de él. Éste fué el último objeto que vio Ponomariov.
No se lo llevó. El aparato huyó volando.
Por el día apareció en la cocina un ataúd azul con adornos amarillos. El niño de goma observaba desde el pasillo con los brazos cruzados a la espalda. Hubo que dar muchas vueltas al ataús para introducirlo por la puerta. Rozaron un aparador y una cacerola, empezó a caer yeso de la pared. El niño Alexandr se subió al hornillo y ayudó, sosteniendo la caja por debajo. Cuando el féretro penetró, por fin, en el pasillo, volviéndose de pronto negro, el niño de goma corrió hacia adelante arrastrando las sandalias.
-¡Abuelo! ¡abuelo! - gritó -.
Te han traído el ataúd.
Yuri Oliosha.

te_a_tro 6 en línea



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Las últimas colecciones de Claudio Parentela y Gerardo Yepiz, ilustraciones de Alberto Caronni y Amadeo Modigliani y Loenardo da Vinci, video experimental de Mónica Magallón, poesía de Vedrana Mastela, Sor Juana Inés de la Cruz, Ana Ajamátova y John Cooper Clark, cuento de Lorena Zúniga, tutto Italia, primer diálogo entre Hylas y Filonus de George Berkeley y música de Adam Fieled.

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Wednesday, April 26, 2006

ARTURO SEVILLA SANCHEZ


















(La vida)


ARTURO SEVILLA SÁNCHEZ

Colima, Colima, 1972-1998

Autodidactic artist, he obtained a Bachelor’s degree in Marketing Design from the Guadalajara Autonomous University he won the First Prize in the National Prize of Art of the Technologic Institute of Monterrey. He has a Scholarship from the National Funds for the Culture and Arts. He received several awards from the UNESCO, for his marketing Design Pro-ecology, from the Technologic Institute of Monterrey and because he participated in encouragement to art, and the Voluntary National Association in the fight against cancer. He also participated in plastic expos in Colima city, Guadalajara, Toluca and Quintana Roo.

VEDRANA MASTELA













(Black & white)





NEVER-ENDING


Silent oceans
In midnight dreams…
And the morning will come
To take me away
From you
But as much as I feel
I feel for you

And when the raven will come
Crossing over the sea
You can still find me
In that ocean dreams
Feeling for you
















(Black & white 2)





MÈMOIRE

Just a whisper
From an ocean
Ocean of world inside

You're fading away
I can't catch you
Birds are singing song of destiny
Your face is smiling in the distance

Am I drowning
In cold night's breeze
In a whisper of a dream?

Monday, April 03, 2006

JULES LECLERCQ

Jules Leclercq
(1894-1966)





Wednesday, March 29, 2006

EL CRIMEN DE LA CALLE ARAMBERRI


EL CRIMEN DE LA CALLE DE ARAMBERRI
(Lorena Zúñiga)

Este es un hecho, que a la fecha, sigue atrayendo a todo aquel que oye de éste caso. Aparentemente el número 1026 de la Calle José Silvestre Aramberri en la Cd. de Monterrey, N.L., México, es una casa que data de principios de 1900, muy vieja y descuidada, demostrando que no se la ha puesto el más mínimo interés en su conservación. Pero lo que atrae más a las personas no es su casi extinta arquitectura, o la malla ciclónica que cubre todo el frente de la casa, o el patio descuidado lleno de árboles viejos, el cual se vé desde la calle.Lo que hace a ésta casa tan especial fue la tragedia que tuvo lugar en su interior, de la cual no voy a profundizar por ser un hecho muy delicado, peri si comentaré sus consecuencias. Pues éste crimen fué de los más terribles en toda la historia de Nuevo León hasta nuestros días.Mientras corría el año 1933, la casa Aremberri fué escenario y mudo testigo, de muestra de la locura causada por la ambición humana. En ese tiempo era hogar de una de las familias más respetadas y de abolengo en la región. Un día, mientras el Señor de la casa iba a trabajar, su esposa e hijas fueron atacadas por tres sujetos los cuales deseaban saber la ubicación de un cofre lleno de monedas de plata. En el comedor de la casa, es donde éstos seres, a los cuales no se les puede llamar humanos, torturaron de la manera mas horrenda sangrienta y cruel de dos mujeres, el alma de casa y su hija. La investigación de este caso fue dificil, ya que no había rastros de que las puertas hayan sido forzadas, y como testigo estaba el perico mascota de la familia, quien fué pieza clave para la captura de los asesinos, ya que con sus escandalozos gritos repitió palabras de una de sus dueñas"No me mates Gabriel, no me mates".Esto armó las pistas necesarias para que las autoridades capturaran al sobrino de la familia, y después a sus complices. A los tres homicidas se les aplicó la "Ley Fuga" a manera de escarmiento. Desde esa lejana fecha, en ésa casa han pasado muchísimos hechos sobrenaturales, desde escuchar los lamentos de las mujeres hasta ver o sentir su presencia. El caso tomó mucha fuerza hace unos años, cuando un par de reporteros (Reportajes de Alvarado) conocido programa Regiomontano. Entraron a la casa para averiguar supuestos hechos paranormales. Al salir de la casa por atender otra noticia, los reporteros sufrieron un grave accidente automovilístico, al revisar el material que obtuvieron en la casa se escucha claramente un grito lejano y hueco.Esto motivó a que muchos programas hicieran sus investigaciones (incluso se llamó a Carlos Trejo, investigador mexicano especialista en hechos paranormales, autor del libro "cañitas")Pero no se ha dado una explicación a los hechos inexplicables de la casa. La casa tuvo que ser cerrada al público ya que muchas personas de todos los niveles, especialmente los jóvenes, entraban a la casa buscando ser testigos de algú hecho sobrenatural, para rezar por el alma de las dos mujeres, o para satisfacer su enorme morbo.La casa ya no sigue igual que en el año 1933, en la sala no se encuentra los muebles que fueron testigos mudos del horror y del dolor provocados a la familia.La recámara sigue en pie y en donde los testigos comentan que se aprecia un recuadro con el rostro desfigurado de una mujer (posiblemente el del ama de la casa). Se pasa del comedor, lugar donde se cometió el crimen. La cocina, el sanitario, la bodega, el patio, todo sigue ahí. en toda la casa se siente la tensión, la cual solo motiva a pedir por el eterno descanso de las almas atormentadas, cuya esencia queda impresa en la casa, acompañada de un fuerte olor a azufre.Hace algunas semanas, un grupo de reporteros de noticieros Televisa Monterrey, entraron a grabar, la casa era desolada, gris, con un olor a dolor, y desesperación.Este grupo de reporteros no vio nada anormal, sólo se sentía una presencia. Al sacar la edición del reportaje, sorprendentemente se escucharon clarísimo el alarido una mujer, con un semblante terrible!!. Este caso fué muy visto en la Ciudad de Monterrey, pues la gente seguía pidiendo ver las imágenes por más de un mes. Siendo el tema principal de varios libros, la casa del "Crimen de Aramberri" es visitada por curiosos e investigadores, quienes aseguran que en la noche se pueden oir los lamentos de las almas que penan en la casa, y a veces puedes ver asomadas por la ventana o corriendo por el patio o el interior de la casa a las inquilinas que posiblemente nunca se irán.Aún después de décadas, no se termina la pesadilla en la calle de Aramberri.

Wednesday, March 22, 2006

LA PRINCESA MENDOSIANA

LA PRINCESA MENDOSIANA
(Jean Lorrain)

La princesa Mendosiana tenía seiscientos años; hacía seis siglos vivía bordada sobre el terciopelo con su cara y sus manos de seda pintada, estaba revestida de perlas con una gola tan recargada de adornos que se doblaba, y los arabescos de su túnica eran del oro más puro.
Un manto azul, flordelisado de anémonas, estaba abrochado a su pecho por regias pedrerías y orlaban el borde de su traje cuentas de zafiro.
Había figurado mucho tiempo en las procesiones y en las fiestas reales. Se le sacaba entonces izada en el asta de una bandera, y el brillo de sus joyas animaba al pueblo y a sus grandes damas. Eran los tiempos felices en que bajo el estremecimiento de las oriflamas deslumbrantes de las calles empavesadas se aclamaba a la princesa Mendosiana. Después se la guardaba ceremoniosamente en el tesoro de la catedral y se le mostraba a los extranjeros que pagaban por verla.
Era una maravilla esta princesa milagrosa. Había nacido del sueño y del trabajo obstinado de veinte religiosas que durante cincuenta años habían penado, haciendo con las madejas de seda y plata la deliciosa hierática figura.
Sus cabellos eran de seda amarilla; se habían incrustado en el sitio de sus pupilas dos turnamalinas del más bello azul y tenía una gavilla de lirios del más bello terciopelo blanco apoyados sobre el corazón.
Luego pasó la era de las procesiones, se abolieron los tronos, desaparecieron los reyes, avanzaba la civilización y la princesa de perlas y seda pintada permaneció confinada en la sombra y el silencio de la catedral.
Allí pasaba su vida en le claroscuro de una cripta, entre un montón de objetos extraños que gesticulaban en los ángulos: había viejas estatuas, copones junto con viejas estatuas, copones junto con custodias, viejos ornamentos de iglesias, copas aún rígidas y como tejidas de sol y que se extinguían lentamente en la noche con cálices en los cuales no se oficiaba ya.
Había también un viejo Cristo arrimado en un rincón y velado de telas de araña y nunca se abría la puerta de la capilla súbitamente; todas estas viejas cosas dormían allí enterradas, olvidadas, y una gran desesperación hirió en el pecho la princesa Mendosiana.
Y prestó atención a los consejos del ratón rojo, un insidioso ratoncillo, vivo como el relámpago y tenaz e impertinente, que hacía años la asediaba: Y ¿por qué obstinarse en permanecer cautiva, acorazada por estas perlas y estas bordaduras que te aprisionan? La tuya no es vida, tú no haz vivido nunca, ni el tiempo en que resplandecías bajo el cielo azul de las fiestas suntuosas, aclamada por la embriaguez de las multitudes, y ahora, ya ves, te han olvidado, estás muerta. Si quisieras, con mis agudos dientes desharía uno a uno los puntos de seda y de cordoncillo de oro que te tienen presa desde hace seiscientos años, inmóvil en el terciopelo espejeante que entre nosotros no tiene ya brillo. Esto quizá te haga daño, sobre todo cuando descosa cerca de tu corazón, pero empezaré por los anchos contornos, los de las manos y los del rostro, y podrás ya desperezarte y moverte, y verás qué hermoso es vivir y respirar. Bella como eres, con tu rostro de princesa de cuento y rica con los fabulosos tesoros que adornan tu vestido, te harás vestir por las grandes modistas, se te tomará por la hija de un banquero y te casarás por lo menos con un príncipe francés.
Tienes sobre ti caudales de pedrerías. Ven déjame liberarte y revolucionarás el mundo.
¡Si supieras qué hermoso es ser libre, respirar voluntariamente el viento y seguir su solo capricho! Estás acorazada por esos ópalos y esos zafiros como un caballero en su armadura y jamás has combatido. Conozco el camino que conduce a la felicidad. Sal fuera de tu estuche de bordaduras, daremos juntos la vuelta al mundo y te prometo un trono y el amor de un héroe. Y la princesa Mendosiana consintió: el ratoncillo rojo comenzó inmediatamente su obra asesina; sus dientes aserraban , cortaban, limaban en el terciopelo roído por los mitos: resonaban las perlas al caer una a una, y en las noches claras como en los bellos días, en la cripta alumbrada por un respiradero, el ratoncillo rojo cortaba, roía, trabajaba siempre.
Cuando atacó la famosa gola de nácares y perlas, la princesa Mendosiana tuvo la impresión de un frío agudo en el corazón.
Hacía varios días se sentía como temblorosa y más ligera y singularmente ágil en medio de todos aquellos puntos deshechos, ondulaba en la tela como animada de un soplo, y esperaba, arrobada, que el ratón concluyera su obra.
Al introducirse el diente del roedor en su pecho, la princesa de seda y lentejuelas desfallecía; la cascada blanda de las coposas sedas, de los galones y de ceniza sobre las losas de la oscura capilla; algunos cabujones rodaron como granos de trigo y el viejo terciopelo espejeante de la bandera se desgarró hacia abajo.
Así murió la princesa Mendosiana por haber escuchado los insidiosos consejos de un ratoncillo rojo.

Friday, March 17, 2006

Inauguración





Esperando
agilizar
la revista
de

te_a_tro